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Reportaje en EL PAIS SEMANAL / por Álvaro Corcuera  (Lunes, 26 de diciembre de 2016)

 

Albert Llovera, el Dakar sin límites

 

El piloto andorrano, parapléjico desde los 19 años, consiguió acabar en dos ocasiones la carrera más extrema del motor. En enero vuelve a la carga. “Cuando dejas de pensar, más te diviertes”.

 

Con el deporte lo que hacemos es multiplicar nuestras oportunidades en todo. Nos proporciona libertad y autonomía”, proclama Albert Llovera (Andorra, 1966), que lleva toda su vida compitiendo profesionalmente: esquiador, jugador de baloncesto y ahora piloto de ralis. Próximo reto, el Dakar. Será su cuarta participación, la segunda consecutiva en categoría de camiones, con la marca checa Tatra. “Es una carrera peligrosa del primer al último kilómetro”, describe. “Entre las etapas, la vida en el vivac también resulta muy complicada. Hay mucha arena y me cuesta desplazarme. Porque si en general es difícil manejarse con una silla de ruedas, en el Dakar ya ni te lo explico”.

 

Foto de César Lucadamo

 

Llovera es parapléjico desde los 19 años. Acababa de comenzar una prometedora carrera como esquiador. Había participado en los Juegos Olímpicos de Sarajevo de 1984. Y aunque no obtuvo un gran resultado, la experiencia le sirvió de acicate:

“Me di cuenta de que debía mejorar. Hablé con mi preparador y nos propusimos entrenar muy duro para regresar con opciones de victoria en unos Juegos”.

 

Al año siguiente, su trabajo le llevó a puntuar en pruebas de Copa de Europa, algo que ningún deportista andorrano había conseguido hasta entonces, y a participar en el Campeonato del Mundo de 1985 celebrado en Bormio (Italia). Ese mismo año, en una competición de nuevo en Sarajevo, su vida cambió para siempre: “Bajaba a 100 km/h cuando justo en la línea de meta se me cruzó un juez. El impacto fue muy fuerte. Se me abrió todo el cuerpo. Lo que más daño me hizo fue el esternón porque se me rompió de arriba abajo; las costillas del lado izquierdo, la clavícula de la derecha, el omoplato, una pierna…”.

 

 

Albert Llovera, durante una sesión de rehabilitación con un 'exoesqueleto' 

 

Foto: César Lucadamo

Albert perdió la movilidad desde el pecho hasta los pies. Sus primeros meses los pasó en el hospital Vall d’Hebron de Barcelona, y de allí fue a Estados Unidos. “Vinieron médicos de la NASA a conocerme. Buscaban perfiles como el mío: deportistas que hubieran tenido accidentes medulares. Me llevaron primero a Houston, donde tuve entrenamientos muy duros. Después fui a Virginia, donde jugué la liga americana de baloncesto en silla de ruedas y fuimos subcampeones”. Pero en un año estaba de vuelta en casa. Ni le gustaba EE UU ni el baloncesto. En Andorra estudió ingeniería gráfica y comenzó a trabajar en un despacho.

 

“SI EN GENERAL ES DIFÍCIL MANEJARSE CON UNA SILLA DE RUEDAS,

EN EL DAKAR YA NI TE LO EXPLICO”

 

“Mi madre empezó a llevarme a todos los curanderos del mundo. Hice un montón de kilómetros en coche. Cien mil en un año, que es lo que recorro ahora. Me di cuenta de que conducía muy bien y que iba muy deprisa”, sonríe. En la conducción encontró sensaciones parecidas a las que tenía en la nieve: “El esquí y el automovilismo tienen mucho en común. Los movimientos son muy parecidos, para absorber los golpes y que no te desplacen; la visión es la misma, hay que fijarse en dos o tres curvas hacia adelante, para anticipar. Pero en lugar de pesar 70 kilos, manejas una máquina de 1.200 kilos. De eso hay que ser consciente”. En su caso, todo lo controla con las manos: acelerador, freno, cambio de marchas, dirección.

 

“Decidí que quería competir en ralis. Pero no había legislación y pasaron dos años hasta que lo conseguí. Me dieron la licencia por pesado”. Albert empezó en la Copa Peugeot en Andorra, una competición cuya particu­laridad es que todos los pilotos llevan el mismo coche: idénticas condiciones para que cada persona demuestre su destreza al volante. Durante varias carreras, los resultados fueron discretos. “¿Cuándo vamos a correr, Albert?’, me dijo un día mi copiloto, que sabía que en los entrenamientos lo hacíamos mejor. Tenía miedo de que, si nos pasaba algo, nos prohibieran seguir”.

 

Pero Albert perdió el temor y decidió conducir como sabía: “Empezamos a correr. A subir al podio. Y en la última carrera… ganamos el campeonato”, recuerda. De ahí pasó a competir para Renault y más tarde para Citroën. Pero su gran salto tuvo lugar de la mano de Abarth, la marca de competición de Fiat, con la que llegó a disputar, durante dos temporadas, el mundial de ralis. Un coche con el que se mueve hoy por la carretera.

 

Su presencia entre los mejores conductores del mundo causó impacto. Pilotos campeones como Carlos Sainz, Petter Solberg o Richard Burns le decían que su miedo no era morir en la carretera, sino a quedarse en una silla de ruedas, y que verle competir siendo parapléjico los ayudaba a superar sus temores, cuenta Llovera. Él, por su parte, dice no pensar en sufrir un accidente. “Intento no darle vueltas. Me dedico a esto y está claro que tengo muchos números para que pase. En un rali siempre vas muy a fondo y para estar delante debes arriesgar”.

 

 “Creo que hay un punto de inconsciencia: cuando dejas de pensar es cuando más te diviertes”, añade. Del día que todo cambió en su vida en Sarajevo recuerda que había mucha niebla y llovía. “Son esos días en los que la gente no quiere hacer nada cuando encuentro más motivación. En los ralis, cuando se hace de noche o llueve, la gente levanta un poco. Yo le doy más porque sé que es ahí, cuando otros se arrugan, donde tengo opción de recuperar terreno”.

 

 

Por Álvaro Corcuera

 

Licenciado en Periodismo por la Universitat Ramon Llull y Máster en Periodismo de EL PAÍS – UAM, trabaja en EL PAÍS desde 2004 y en EL PAÍS SEMANAL desde 2009, donde ha escrito reportajes sobre todo tipo de temáticas en España, Estados Unidos, Japón, Burkina Faso, Bielorrusia, Singapur, Bosnia… Actualmente es responsable del equipo de web y redes sociales de EL PAÍS SEMANAL.

 

Foto: César Lucadamo

Multitudinario reconocimiento en Andorra a Albert Llovera por su Dakar 2016

 

El pasado 25 de mayo, una inmensa multitud de andorranos y amigos venidos de varios países quisieron acompañar al piloto andorrano Albert Llovera en un homenaje en el que se le reconoció el resultado obtenido en el Dakar 2016. Durante el acto, celebrado en la plaza de la Rotonda de Andorra la Vella , se proyectó un vídeo resumen de la prueba y se mostró el camión adaptado con el que participó, pudiendo los asistentes subirse en él.

 

 

Albert Llovera se mostró muy satisfecho con este reconocimiento, comentando que en Andorra siempre le han reconocido el esfuerzo pero en este último Dakar la gente le ha hecho un seguimiento mucho mayor, por lo que "ahora merecen poder ver y tocar el camión en vivo y conocer de cerca lo que supone competir en el rally mas duro del Mundo".

 

El camión viajó desde la sede del equipo Bonver Dakar project en Praga, república Checa, hasta Barcelona, a la sede del instituto Guttmann donde Albert ofreció una charla para un gran número de pacientes que no quisieron perder la oportunidad de subir al camión.

Posteriormente viajó a Andorra donde de celebró el homenaje.

 

 

Albert llovera, Kilian Jornet y Araceli Segarra protagonizan el nuevo videoclip de Sopa de Cabra

Los deportistas Kilian Jornet, Araceli Segarra y Albert Llovera protagonizan el nuevo videoclip de Sopa de Cabra 'Sense treva', dirigido por Àlam Raja, el segundo 'single' del décimo disco de estudio de su carrera.

 

Esta nueva canción trata sobre "el espíritu de superación" mostrando la cotidianidad de estos tres deportistas, que son tres referentes de superación y esfuerzo, además de personas que merecen el aprecio y admiración de Sopa de Cabra.

Sopa de Cabra empieza el 2016 con "la energía y el positivismo" de haber sido el grupo que más discos en catalán vendió en la última Navidad gracias a 'Cercles'.

 

 

'Sense treva' habla del espíritu de superación, con muestras de actos cotidianos de los deportistas.

 

El reto de Fernando

 

Historias divertidas de amistad, solidaridad e inclusión en una App de cuentos infantiles.

 

Un cuento de Jimina Sabadú ilustrado por Jesús Briosso, con las colaboraciones especiales de Albert Llovera y José María Borrell, guionista y director de cine.

 

BRUNO Y LOS PUMBALLOO © 2015 CARING BOOKS, S.L.

 

Para saber mas Visita la página: http://caring-books.com/es/

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